"Es tarde ya, me tengo que ir." Le dijo en casi un murmullo y desvió su mirada al espejo en la pared mientras lo abrazaba. Se reflejaba la calidez de sus dos cuerpos, su mirada incomoda y los ojos de él cerrados, disfrutando la estadía en sus brazos. Lo soltó de golpe y su garganta cada vez mas seca. "Mañana...mañana te veo" dijo con la voz quebrada. Encendió su carro y comenzó a guiar por la desolada carretera hasta que llegara a algún sitio reconocido. Sus manos le temblaban, tanto así que se le hacía difícil sostener el guía. Asomó su carro desde esa calle oscura que conectaba la poblada avenida. El transito seguía fluyendo y en el momento que le pareció más seguro se lanzó. Los carros le pasaban por el lado a las millas, los focos rigídos de los otros carros la cegaban, perdía el control con sus temblorosas manos y por su cuerpo que se tornaba tan pesado. Se comenzaba a desesperar. El flujo vehicular no le permitía cambiar de carril y la salida que tenía que tomar para llegar a su destino se acercaba. Sus palpitaciones derepente aceleradas. Sístole, diástole, sístole, diástole. Miraba por el retrovisor y los carros estaban cada vez más cerca y comenzaba a desesperarse aún más, como si esperase estar sola en la carretera. Todavía en el carril equivocado. La carretera se hacía cada vez más larga. Sus piernas ya no alcanzaban los pedales, sus manos soltaron el guía, sus reflejos no respondían, el control ya no era de ella y el carro bajo su propia velocidad se dirigió hasta donde llegase. Hasta dónde llegó. El tiempo paró en seco. Lo último que se almacenó en su mente era la imagen en tiempo lento, de ese carro cada vez más cerca al de ella, hasta que solo quedó un gran espacio nulo, donde todo se resumió en el impacto de dos cuerpos a diferentes velocidades.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Abrazados
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