jueves, 30 de diciembre de 2010

Abrazados


"Es tarde ya, me tengo que ir." Le dijo en casi un murmullo y desvió su mirada al espejo en la pared mientras lo abrazaba. Se reflejaba la calidez de sus dos cuerpos, su mirada incomoda y los ojos de él cerrados, disfrutando la estadía en sus brazos. Lo soltó de golpe y su garganta cada vez mas seca. "Mañana...mañana te veo" dijo con la voz quebrada. Encendió su carro y comenzó a guiar por la desolada carretera hasta que llegara a algún sitio reconocido. Sus manos le temblaban, tanto así que se le hacía difícil sostener el guía. Asomó su carro desde esa calle oscura que conectaba la poblada avenida. El transito seguía fluyendo y en el momento que le pareció más seguro se lanzó. Los carros le pasaban por el lado a las millas, los focos rigídos de los otros carros la cegaban, perdía el control con sus temblorosas manos y por su cuerpo que se tornaba tan pesado. Se comenzaba a desesperar. El flujo vehicular no le permitía cambiar de carril y la salida que tenía que tomar para llegar a su destino se acercaba. Sus palpitaciones derepente aceleradas. Sístole, diástole, sístole, diástole. Miraba por el retrovisor y los carros estaban cada vez más cerca y comenzaba a desesperarse aún más, como si esperase estar sola en la carretera. Todavía en el carril equivocado. La carretera se hacía cada vez más larga. Sus piernas ya no alcanzaban los pedales, sus manos soltaron el guía, sus reflejos no respondían, el control ya no era de ella y el carro bajo su propia velocidad se dirigió hasta donde llegase. Hasta dónde llegó. El tiempo paró en seco. Lo último que se almacenó en su mente era la imagen en tiempo lento, de ese carro cada vez más cerca al de ella, hasta que solo quedó un gran espacio nulo, donde todo se resumió en el impacto de dos cuerpos a diferentes velocidades.

lunes, 15 de noviembre de 2010

El suspiro de tu cuerpo.

Su cuerpo se desplaza por la nocturna habitación, al ritmo de la melodía que suena en el fondo. Con solo una fina capa de seda cubriendo su diminuto cuerpo, baila. Yo sentí cada movimiento que hacía y ella bailando tan confiada de la intimidad que la luz apacigua. Me dirigí hacia su cuerpo buscando lo que no se me ha perdido y la seguí por la habitación dejándome llevar por su tan particular olor a sudor fragante. Cuanto deseaba sentir ese olor más y más cerca hasta que se mezclara con el mío y se volviese irreconocible. Me pare detrás de ella y respire su cuello. Bailamos juntos desde la puerta hasta el colchón de mi cama. Yo encima de ella la desnude completa con mi mirada.

Hace unas horas fue una de esas noches, donde la juventud se encuentra en medio de la nada y te perteneces, hasta que el alcohol te secuestra. Ahí estábamos los dos entre cuatro paredes y personas desconocidas, música alta y cervezas baratas. Bailé con ella un baile diferente al que ahora bailamos en mi cuarto y mis manos recorrieron sus muslos con discreción. Su boca cada vez más cerca, nuestros labios casi a punto de rozar, su lengua en pugna con la mía y ya no bailábamos. Las personas alrededor se fueron difuminando mientras se juntaban nuestras caras, no sé si miraban y si miraban no sé que pensaban, pues realmente fuera de sus labios y la concentración que requiere un beso, no me importaba nada.

Ahora en mi cuarto mientras el humo usado nubla nuestra visibilidad, solo imagino su hermosa piel arropada a la mía. Me encanta como me besa, suave pero intensa, se lo dije y recibí una sonrisa que lentamente tracé con la yema de mis dedos. La fui desnudando poco a poco y sus pezones rozaban con mi pecho, erizando mi piel con el más mínimo contacto. El tiempo pasaba sin prisa y ella durante cada minuto extenso, expropiaba mis deseos y los convertía en un cuento. Sus gestos de satisfacción evocaban en mi una fuerza indomable de darle, lo que con su pícara sonrisa, me pedía. De sus ojos entreabiertos, interpreté, que mi lengua hacia un buen trabajo instigándola a alcanzar la respiración profunda del plácido abismo. Hasta que invocó con un suspiro, ese lugar, donde se retoman los gemidos que se aglutinan inconclusos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Una pista...

Indudablemente es mía. La máscara que le da animación a los huesos muertos que se esconden detrás de ella, nació adherida a mi cuerpo y nunca la critico…porque es mía. De los 26 lunares que tiene, hay uno en específico del cual nadie se percata, porque se esconde debajo de la nariz y yo no subo tanto la cabeza. Me tocaron dos ojos negros que parecen estar cansados pero contienen la fuerza suficiente para permanecer abiertos, interrumpir miradas y recoger las sobras visuales que las personas dejan por ahí tiradas. A los labios le quite su espacio y les añadí un ornamento invasor que se ha acostumbrado más a ellos que yo. A esta simple máscara le dibujé una sonrisa larga, para así ensanchar su nariz, achicar sus ojos, brotar sus cachetes, mover sus lunares de sitio, enseñar mis dientes y permitirle a esta cara que vino adherida a mis pensamientos que camine entre sus posibilidades.

revolución sexual

Aun lo recuerdo, dándose un cigarrillo en medio de un pastizal en Cuba y yo sin ropa interior todavía pensando que iba a seguir y que solo se estaba cogiendo un "break". No podía creer que hubiese tanta algarabía con el sexo y que fuese esa mierda. 3 minutos y no fue ni por reloj. Ni tiempo me dio para hacer el mínimo rastro de algún suspiro de placer. Y fue así como comenzó mi corta experiencia sexual. Si no contamos los detalles suena estupendo. “Perdí mi virginidad con un Español apuesto, al cual se referían como "el trípode.” Envídiame, si, envídiame...pero que nadie me pregunte mas nada que en cuanto empiece a adentrar en detalles, mágicamente vuelvo a ser virgen. Ahora cuando si descubrí el sexo...que cosa más cabrona. Tanto así, que lo mas que disfrute de mi última relación fue precisamente eso, la disponibilidad sexual. Cuando al fin descubres el goce animal...

Surgió una interrogante importante en mi vida. Luego de mi última relación que duró 8 meses y el sexo que cumplió su aniversario, me cuestionaba cuan libre era sexualmente. De pronto llegó un buen amigo dispuesto a resolverme el problema...adherido a varias cervezas. Comenzó en un beso, hasta que... bueno, como esto no es un blog erótico no diré más. Pero ahí estuvo frente a mí, mi primer ¨one night stand¨. Un momento cumbre en mi vida y de pronto no le di cabeza...pero después de dos días, tres, me puse a imaginar esa menstruación ausente, las enfermedades que él podría haber tenido, con las mujeres que se ha acostado, esas conversaciones entre hombres y ahí si me asusté. Si me dejo llevar por las conversaciones de las mujeres, ya todos sus amigos sabrían la circunferencia de mi vagina. Nosotras siempre nos jodemos, un descuido y te convertiste en una perra...y de las satas.


Una amiga, quien es de las pocas mujeres liberadas de las represiones sexuales, me resolvió este interrogante sin querer. Y un dia me dice "Si no quieres que hablen mierdas, no hagas las cosas..." Estas palabras por más simples que suenen se me quedaron flotando en la mente. Fue ahí cuando concluí que si quiero tener sexo...mejor me consigo un jevo.

Erecto.

Cuando te miro, veo a tu pene...pero vamos, como una metáfora.

Tan altanero por la vida pero con tantos misterios detrás de tus ojos. Y soy una envidiosa, lo admito. Envidio al chico de presencia fuerte que cree saberlo todo. Envidio tu aclamada experiencia y tus archivos de conocimiento, al chico del cual escriben cosas como estas. Aun así en todo tu esplendor, te digo una cosa...

¡Eyacula un poco de vulnerabilidad, hombre! Que tantas secreciones aguantadas, te hacen muy duro. Quítate el condón y quédate expuesto a las enfermedades y acuéstate junto a la vida con errores. Que fue así como aprendí a nunca subestimar a nadie...

Deshumanizado en tu excelencia, quizás tú no me veas, pero estoy aquí y me siento. A ti todos te ven... ¿Pero estás o no estás?

jueves, 23 de septiembre de 2010

Preambulando

Las posibilidades son tantas...
Yo podría ser tu vecina, tu mejor amiga o la persona que mas odies. Soy todas esas historias que nunca te han pasado o tal vez si, yo que se... Tú, de cariño dime indiscreta. Mientras te escupa en la cara, con todo lujo de detalle, las barbaridades sutiles que hago cuando tengo tiempo libre. Explora con mis manos otros cuerpos, que yo no soy celosa. Palpa con mis manos, besa con mis labios y siente con mi cuerpo, porque cuando estés aquí veras la vida con mis anteojos. Les advierto que aquí no hay ni un secreto que valga, porque aquí no soy nada...lo soy todo. Quizás algún día me descifres o probablemente yo misma me retrate, pero mientras tanto voy a aprovechar esta bolsa de plástico que cubre mi cabeza...mientras no me asfixie. Mira, y que esto que te cuento no se quede entre nosotros porque como dice el refrán; "Secretos entre dos es de mala educación."